COVID-19 hipocresía Guayaquil

Era un viernes y el Municipio de Guayaquil decidió que era hora de «Dar las gracias» a Guayaquil, a su gente y levantar el espíritu de quienes han vivido los tiempos más terribles del COVID-19. Y saben qué, ¡me parece genial! Alguien tiene que hacerlo, apersonarse de la necesidad, del hambre, de la desesperación.

Pero no comparto el doble discurso. Ni la doble moral. La hipocresía como le dicen. Como contaba, era viernes y tenía que ir al Guasmo Sur, a ver la gestión de la alcaldía y cómo daba «las gracias». Está bien que sea la líder de la ciudad la que se apersone y atestigüe la entrega de 250.000 canastas de víveres en la urbe porteña.

Pero ¿es necesario un jeep, un auto decorado como aldea navideña, un grinch, duendes y un convoy de concejales como escoltas? No. No lo es. Ese viernes se debían entregar 8.000 canastas en el Guasmo. Llegué al punto donde se habían citado a los medios de comunicación, pero fue difícil divisar a la alcaldesa Cynthia Viteri, rodeada de gente. Tan solo yo, que no me acercaba ni a una cuadra de la alcaldesa, no tenía espacio para caminar, para respirar.

Mi única reacción fue otra vez ajustar mi mascarilla, ponerme gafas y rogar que nadie me toque. No era por el sector, antes, yo ya he majado el polvo y tierra de los sectores populares, la sangre en el piso mezclada con las lágrimas de sus familiares, el desconsuelo, pero ¡estamos en pandemia!

A mi alrededor, había decenas de mujeres, hombres, niños, adultos mayores con banderines y sin mascarillas. La escena me aterró. Solo podía pensar en cómo iba caminando entre partículas de COVID-19, mientras caían gotas de sudor por mi cara.

Solo pude cuestionarme mentalmente ¿ por qué hacen eso? A diario, la Alcaldía llama a la conciencia ciudadana, hace campañas en redes sociales de que la pandemia no ha terminado, «cuida de los tuyos», «no te confíes». Pero, ¿en serio haces esto? Sacas a decenas de personas a exponerse en una caravana que parece todo menos entrega de canastas. Solo pude pensar que estaba en una caravana política pero sin un candidato presidencial.

El grinch, con sus duendes, y la caravana municipal, recorrió una hora y media por las calles del Guasmo. Pese al aire caliente que respiraba solo podía pensar «no te quites la mascarilla». No podía hacerlo. Tengo un padre, hermano, tía, gente vulnerable y solo podía pensar cómo miér…coles se permite que la máxima autoridad de un cantón haga eso, mientras ante la presenta retumba su voz llamando a la conciencia.

¿Qué conciencia ciudadana puede haber cuando se predica algo pero se hace otra cosa? ¿Con qué calidad moral le pido a los vendedores que no oferten sus productos, que vean cómo salen de la crisis porque no puede haber aglomeración de personas? Pero ellos sí lo permiten, lo ven, lo provocan y lo acepta. En fin, ¡la hipocresía!

Mientras tanto, el Ministerio de Salud Pública sigue anunciando los casos de COVID-19 en aumento. Al corte del martes 1 de diciembre, la cifra iba por los 193. 673 casos positivos por prueba PCR.

Yo, por mi lado, me subí al auto. Me rocié diez veces alcohol por todo el cuerpo y me limpié la cara con toallitas desinfectantes. Llegué a casa y me desvestí en el portal. No toqué nada ni a nadie, fui directo a la ducha y me bañé tres veces. Sentía que chorreaba COVID-19 por los poros. Tardé una semana en abrazar a mi papá.