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Cuando era niña, quizás tenía unos 4 años, a mi casa llegó un perrito bebé. El hijo-perro de mi mamá aún no tenía 15 días de nacido. Negrito y con “una corbata blanca” en el pecho. Le pusimos Black Manchita. Debía tener dos nombres. Crecí con ese perro, vivió 11 años. Y es una pena decirlo, pero quizás no vivió más años por nuestra ignorancia.

Con el tiempo le empezó a crecer un tumor dentro de la trompa. Ahora puedo decirles casi con 100% de seguridad (aunque no he estudiado veterinaria) que lo que tenía era un tumor venéreo transmisible (TVT). Sí, una enfermedad venérea como la de las personas.

El veterinario más cercano operó a Black dos veces para extirpar el tumor, pero volvía a crecer. Más adelante nos enteramos de que el doctor atendía caballos y vacas. Un tiempo después, dejamos descansar a Black.

Podrán pensar que no lo quisimos, que fuimos irresponsables o algo por el estilo. Pues no, fue mi hermano y en casa se lo quiso muchísimo. Pero estamos en una sociedad que no educa a las personas sobre cuidado de animales y la naturaleza. Entonces lo que hacemos es lo que nos
parece mejor, no lo que realmente es positivo para ese animal.

Han pasado 23 años, la tecnología ha avanzado, con lo que sé hoy (y que está al alcance de cualquier persona en la actualidad) hubiese hecho lo posible para que la vida de Black sea diferente. Lo que pasó con él fue que pensábamos que estaba bien que se vaya a la calle cuando había
una perra en celo, que nada iba a pasarle porque estaba cerca y como no era nuestra la perra, ni modo.

Cada vez que llegaba a la casa luego de esas salidas, estaba mordido, sangraba, había peleado con otros perros. Pensábamos que así debía ser su vida, que era lo correcto. Si viviésemos en el campo y los animales cercanos fueran silvestres, ahí sí sería lo correcto.

¿Alguna vez tuviste un animal en casa? Si tu respuesta es afirmativa, ¿crees que lo cuidaste bien? ¿Eres una persona que está segura de darle la atención que necesitaba? Si tu respuesta es negativa, ¡por todos los planetas! Espero que haya existido una excelente razón para no tener una perrita o una gatita en tu hogar.

Aish (inserte aquí un emoticón con los ojitos mirando hacia arriba). Los animales que deberíamos y podríamos tener en casa son los gatos y los perros, los que se les conoce comúnmente como animales domésticos, de compañía o de familia.

Aunque debemos tener en cuenta que para las instituciones de control como la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal), los animales domésticos no son sólo los de raza felina o canina, también toman en cuenta dentro de esta calificación a animales de las siguientes razas: equinas, bovinas, ovinas, camélidas, varias clases de aves. Aproximadamente 40 animales están dentro de la clasificación doméstica, debido a su contacto constante con las personas y a que es posible moldear su comportamiento.

Todo parte del deseo de tener en casa un ser (que no sea humano) que nos dé compañía, cariño y entretenimiento. Muchas veces, incluso, exigimos que ese ser sea bebé para que “se críe” con la familia; y, muchísimas más veces evitamos operarles para que no se reproduzcan,
porque queremos tener descendencia de esos seres que amamos. Lamento decirles que eso está todo mal.

Tener un animal de familia, sea perro o perra, gato o gata, no debe ser nunca un deseo o sueño, siempre es una responsabilidad que tiene muchas aristas: Primero, debemos saber que sea cual fuere el animal que ansiamos en casa, puede llegar a nuestro hogar a cualquier edad, se va a acostumbrar a nuestra forma de vida.

Segundo, debemos educar a ese animal. Como educamos a las criaturas humanas, sin violencia, con persistencia y firmeza. Tercero, hemos de operar a este animal, sin importar el sexo que tenga, para que no
tenga crías. ¿Por qué? Pues porque no adivinamos el futuro y no sabemos qué puede ocurrir con este ser viviente que está a nuestro cuidado y que por Ley y Ordenanza es nuestra responsabilidad. Se puede escapar, se puede perder, pueden robarle, etc.

Tantas cosas que están fuera de nuestro control, lo único que sí está dentro de nuestro control es esa operación, también llamada esterilización, y que además de evitar enfermedades en nuestro animal, también va a evitar que animales cercanos se reproduzcan de forma indiscriminada.

Cuarto, lo mejor sería que tengamos los medios económicos disponibles para hacerle revisiones veterinarias dos veces al año mínimo, para alguna enfermedad inadvertida y para abastecerle de comida específica. Quinto, es importante también que el lugar donde ese animalito va a vivir por el resto de su vida, que podrían ser unos 15 años aproximadamente, esté cómodo, limpio, seco, amplio y con todas las seguridades necesarias.

Estos son puntos básicos para el bienestar de un animal de compañía, sea perra o perro, gata o gato. Si estos pasos no se cumplen, empiezan los efectos secundarios de nuestra negligencia o ignorancia. El abandono de animales en las calles, le sobrepoblación de animales en situación
de abandono y maltrato y la propagación de estos animales en la fauna silvestre ¡La importancia de la educación!

Es real que en nuestras escuelas, colegios y universidades no nos enseñan estas cosas, la gente no es adivina, sin embargo, debemos informarnos de todo lo que implica tener un animal en casa, llevarle a una veterinaria para que nos diga cómo proceder en su cuidado y si no podemos darle todo lo que necesita todo el tiempo, no tengamos ese animal, así lo añoremos
o alguien en casa lo desee.

Sobre todo en estas épocas previas a Navidad, donde se cree que los animales son cosas y que se pueden obsequiar sin inconvenientes. Un animal no es un regalo (sea cual fuere) es una responsabilidad, por lo tanto no se debe obligar o forzar moralmente a alguien a asumir un compromiso que no desea.

Las navidades pasan, la novelería también. Los animales sienten, como tú, como yo. No son cosas. En Ecuador aún no existen datos de un censo de animales en situación de calle, hay ciertas cifras referenciales. Se estima que en las ciudades grandes como Guayaquil, podrían llegar a un
millón o más.

Un millón de animales que pueden generar muchas amenazas en temas de salud pública por enfermedades que se transmiten a las personas, brote de enfermedades entre pares que podría degenerar en epidemia e incluso afectar animales silvestres, podrían crear manadas agresivas que atacan otros animales más vulnerables para alimentarse, como gallinas
o cerdos, entre otras.

Está en cada persona tenedora de animales ser responsable con el o los que tiene en casa, educando a las personas en su entorno para que también lo sean. Cuidar de su animal en casa como que fuera hija o hijo, sin humanizarle (para mayor información hable con su veterinaria
de confianza).

No abandonarles e impedir que se conviertan en animales invasores, en este caso, perros y gatos, ponen en peligro la biodiversidad, nuestro equilibrio natural. Hoy, hubiese llevado a Black a una veterinaria. Que le hagan exámenes completos y quimioterapia. Que lo esterilicen. Me hubiese endeudado, empeñado mi celular o un televisor.

Tantas cosas. Tengo más de 8 años en una ONG que vela por el bienestar de los animales, he tenido a mí cuidado a muchos animales. Se podría decir que tengo experiencia. No puedo pensar que todas las personas van a actuar como yo, pero sí pido encarecidamente que piensen en ese ser que dicen querer. No crean que somos dueñas de la verdad.

Hagámosle caso a las veterinarias. Y lo más importante, no compremos animales de criaderos no certificados y con permisos, no abandonemos animales, no adoptemos un perro o un gato, si no sabemos si vamos a tener dinero para darle la calidad de vida que necesita. Esos seres maravillosos merecen respeto.