Zapatos naranjas robo

Junio 2020. Lugar: Guayaquil. Distrito: Modelo. Circuito: Sauces 

Permiso mi coronel, para informar la presente novedad suscitada a las (hora no determinada), del día (no determinado), de 2020. La situación es que en la vivienda ubicada en el circuito Sauces, perteneciente al distrito Modelo, la srta. Amanda (nombre protegido), denuncia el robo de sus zapatos deportivos naranjas. La víctima manifestó que iba a salir a andar en bicicleta cuando se percató de la desaparición de sus zapatos.

Aunque parezca chiste o un invento, eso pasó. No era mi par de zapatos favoritos. Su color me cegaba y lo consideraba poco combinable con mi ropa. Aún así, eran mis zapatos. No los usaba mucho, pero en la época de pandemia por el COVID-19, fueron necesarios. 

Debido a las normas de bioseguridad, al regresar a casa los dejaba en el portal, junto a los zapatos del resto de mi familia. Su color brillaba como medalla de oro entre tanto calzado negro, supongo que eso llamó la atención. 

Por las noticias, en ese tiempo, vi notas curiosas de robos de zapatos. Las ignoré porque consideraba mi vecindario ‘seguro’. Un barrio tan seguro que apenas un año atrás solo hubo un doble asesinato, pero fuera de eso, no pasa nada. Ni la Policía rondaba. 

Me disponía a usar los zapatos para ir al trabajo y noté que no estaban. No estaba esa mancha naranja que sobresalía del portal como flor en nieve. Los busqué y simplemente desaparecieron. ¡Me los habían robado! Sí, a partir de ese momento me convertí en una de las 4.405 víctimas de robo a domicilio en el país, en el período de marzo a octubre de 2020, según datos de la Fiscalía General del Estado.

Me indigné y me resigné, pues al valer menos del salario básico unificado, el Código Orgánico Integral Penal tipifica el delito de hurto en su artículo 209 como una contravención con una pena privativa de 15 a 30 días. Así que desistí de denunciar, al igual que muchas otras personas que prefieren ahorrarse el trámite en Fiscalía.

¡Ridículo! Si a Jean Valjean, en el libro Los Miserables, lo condenaron por el robo de un pan, un robo que cometió por hambre y necesidad, ¿por qué no condenar a alguien por el robo de unos zapatos? Costaban más que un pan, pero bueno, así es nuestra legislación.

Algo similar le pasó a mi amiga Gelitza con su bicicleta. Ella también vive al norte de la ciudad y la usaba como medio de transporte alternativo. No era nueva su ‘cleta’, era color rosada y ya se le notaban los años encima. Una madrugada escuchó un ruido estrepitoso. Se llenó de miedo y no salió a ver qué pasaba. Al despertar y querer ir al trabajo, no estaba su compañera de ruta y de paseos esporádicos. Días anteriores, también le robaron dos pares de zapatos que usaba para entrenar y para ir al trabajo.

No sé si mis zapatos fueron un botín de necesidad y alguien tenía que usarlos. O si terminaron en un mercado de pulgas a un buen precio. En esta pandemia, ni Gelitza ni yo fuimos las únicas afectadas por ‘los amigos de lo ajeno’. La Fiscalía también publicó que 12.392 personas fueron asaltadas entre marzo y octubre. Todos tuvimos nuestro ¡día de miércoles!

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